sábado, 11 de noviembre de 2006

Asesinato en la Avenida

Paseaba por la calle que pasa por el frente del estadio, como lo hacia de costumbre todos los días. Aparentemente todo era normal, la chica de zapatos rojos, esperando algún cliente para dar comienzo a la jornada laboral; el señor Hurt paseando a su asqueroso perro; los gemelos Torres drogándose, y yo caminando mientras fumaba mi cigarrillo.
Camine hasta la avenida, como si algo me arrastrara hacia ella, sentía que debía estar allí; cuando recién logre volver de ese extraño estado en el cual me encontraba, fui testigo de un acto de tremendo acto de cobardía: El asesinato de una joven y el posterior robo de su vehículo. Todo sucedió muy rápido. El ampón salio de una tienda cercana al lugar en donde se encontraba la chica despidiéndose aparentemente de una amiga. El bandido se abalanzo hacia la joven, en el forcejeo el delincuente logro quitarle su cartera y junto ella su vida, después de la estocada que le propino en el tórax. El asesino se introdujo rápidamente en el automóvil y salio conduciendo velozmente el botín de aquel cobarde ataque.
Quede impresionado por la escena de violencia y dolor que presencie; el grado de impotencia experimentado es indescriptible, los gritos de ayuda y las expresiones de dolor que la chica gesticulo en sus últimos respiros de vida son irreprodusibles.
Me costo varios meses recuperarme del shock que la situación me produjo, tuve que hacer grandes esfuerzos y pedir ayuda para poder superarlo. Tuve que irme de la ciudad, hacía un lugar que no me recordara la muerte de la joven.
En la playa encontré el refugio que necesitaba, la paz, la tranquilidad. Innumerables fueron los diálogos entablados con mi terapeuta, los cuales en su gran mayoría eran acompañados de sabrosas comidas, que me hacían mas agradable aquel tortuoso recordar.
Un buen tiempo transcurrió para poder sobreponerme de aquella vivencia, pero sin saberlo las circunstancias de la vida me estaban preparando una nueva e inesperada sorpresa.
Lo recuerdo como si hubiera ocurrido hoy; el olor de la sal en el aire, el canto de las gaviotas en el cielo, los niños jugando en la orilla de la playa.
Estaba sentado en una banca ubicada en la orilla del paseo de la costa que en aquel lugar había, desde donde podía apreciar una vista impresionante del mar y del muelle que en aquel sitio poseía. Bebía un jugo, ya que el cigarrillo lo había dejado hace bastante tiempo atrás. La tranquilidad de ese cuadro era conmovedora. Por un instante aquella paz fue interrumpida por una música muy elevada, esta provenía de un vehículo que se estaba estacionando en la calle del paseo; me quede observando fijamente el automóvil y vi descender a un sujeto…
… era él, el asesino de la joven de la avenida, aquel que trajo a mi mente ese hecho ya olvidado. Impresionante fue como todas aquellas fotografías perdidas, después de incesantes esfuerzos, volvían a mí junto con todo el odio que el paso de los años fue creando silenciosamente en mí. Un impulso de ira me hizo saltar de mi lugar; corrí hasta el mi auto, el cual no esta estacionado muy lejos de ahí. Entre en el, abrí la guantera y tome el revólver, con el cual haría justicia. Corrí velozmente de vuelta al lugar y simulando pedir ayuda, logre que el asesino descendiera del vehículo y sin advertirle nada, descargue el arma sobre su pecho, causándole la muerte instantánea en ese mismo lugar.
Caí de rodillas al suelo, sin energía alguna para poder escapar de ese lugar, aunque en ningún momento paso aquello por mi mente. Me quede ahí, viendo como mis ropas se empapaban con su sangre, viendo como su pecho había quedado tras mi ataque.
Nunca pensé que haría lo que él alguna vez hizo en esa fría avenida, ni tampoco que la vida me tenía preparada aquella pasada, ni menos que hoy estaría escribiendo mi historia desde esta triste, oscura y helada habitación.

1 comentario:

••εїз I§A ღ ღ ••• dijo...

Boris, tienes talento para relatar historias..deberías dedicarle más tiempo!!

abrazosss